miércoles, octubre 21, 2009

Changeling


No sé si en realidad logre disimular bien mi incomodidad cada vez que la Sra. Pilar me regala la ropa de su hijo Jorge. Siempre la saca de un placard mal cuidado, lleno de recortes y pedazos de diarios de un ingeniero recién egresado. Hay un computador viejísimo desusado hace varios años y posters de grupos ochenteros. Es un dormitorio odiosamente blanco donde se huele humedad y años de dolor acumulado, una historia seguramente oscura como las que suelen guardar las familias acomodadas, por vergüenza o por no ahondar en el luto ajeno de todos. Tengo ya en mi casa una cocina e innumerables prendas del ingeniero. Prefiero guardarlas en una bolsa que la sra. Pilar me regaló un día de lluvia para cubrirme la cabeza. Ya no sé cuantas veces le he dicho que me fuí de Arquitectura, pero se le olvida todo y desde hace un año decidí seguirle el juego, usando como inspiración los recuerdos de la facultad y mis carencias de esos años. Se ha vuelto ya tradición de los sábados, luego de terminar de repartir los diarios pasar a buscar el hacha y llenarle un canasto de leña para el frío, para la soledad, para calentar las discusiones con don Guille, siempre interesado en la literatura y en los movimientos artísticos en Concepción antes de la dictadura. Don Guille se me antoja un viejo sabio, medio loco y bastante bohemio en sus años de tango y buena educación. Socialista como pocos, a pesar de doña pilar que los trata de maricones, entonces se arman sabrosas discusiones entre dos grandes conversadores decrépitos por los años y el dolor. No sé si me dijo cinco o seis años, pero si me habló del patio 5 del cementerio general, del clavel blanco todos los 15 de cada mes, de su carrera y su novia que debe ahora estar a miles de años luz. Jorge entraría en la categoría del típico matemático buenhombre, sin demasiada personalidad, intentando caer dentro de la casilla que desde chico le preparó su familia. Vaya a saber uno si por eso mismo terminó como un insecto aplastado que cayó del piso 10 de una torre cerca del campus. Ahora su ropa me acompaña quizás por los mismos pasajes donde estuvo y logra impregnarme de esa soledad, el eterno inconformismo que finalmente nos lleva a no querer luchar más. Don Guille siempre me habla de fastuosos teatros y viajes por Buenos Aires, de la locura de sus años, aún sin militares en las calles, de jóvenes desvergonzados, de artistas que firmaban sus propias falsificaciones. Y de lo triste que es el paisaje ahora, de que la dictadura todavía no se muere, que sigue en la cabeza de las gentes como un pasado del que tampoco hay que hablar mucho, todavía existe miedo. Doña pilar fue de las viejas que salió a batir las cacerolas esa noche, acostumbrada a la comodidad, hasta hoy mismo vé solo lo que le interesa y maquilla una vanidad rancia perdida en el dolor. En realidad ya ni sé por que paso todos los sábados a saludarlos. Hace tiempo que prefirieron suscribirse al diario. Seguramente las conversaciones con don Guille y su ánimo eterno, sus ganas de reírse de la vida y tomar un borgoña para tragarse mejor las penas. A doña pilar le dio la gana de pintar la casa fucsia, y don guille solo se ríe de los vecinos que protestan por el dolor en los ojos, todavía guarda esa interminable inmadurez femenina, irritante de ingenuidad, de fantasías de niña con muñecas y secretos para la piel. No sé en realidad si de verdad me da pena esa relación de casi hijo con casi padres, sostenida en la mentira de que aún estudio arquitectura, de un falso esfuerzo por ganar una partida perdida hace años. En realidad soy yo el que les entrega un poco de redención, les hago recordar a su hijo y me hago el loco un poco con las frases de vanagloria compasiva y misericordiosa de doña Pilar, y las conversaciones repetidísimas de don guille. Al fin y al cabo parece que los dos se volvieron adictos a olvidar, una enfermedad a mí parecer, bastante saludable.

Hermano


Hermano se marchitaba en secreto
bajaba la escalera a oscuras
hermano tomaba en sus manos la vida
miraba con ojos profundos

árbol que trepaba riendo
ahora leña que sin calor arde
hermano quiso volar más lejos
abriremos las ventanas esta tarde

Hermano nos escuchaba en silencio
y se llevaba así nuestro llanto
ahora la casa es más fría
la realidad solo espanto

consolará ahora hermano a las nubes?
O trepará columnas más blancas?
hermano no preguntaba nada
solo nos regalaba esperanza

hermano se nos fue de pronto
pero no quería dejarnos
en la copa del árbol lo escucho
el viento lo sigue esperando

hermano ven a jugar de nuevo
no volverás, pero vuelve!
Detén por un rato tu vuelo
o apaga la luz y duerme

hermano el frío es enorme
los muros ya quieren caerse
aunque sea inútil, te espero
hermano no llores más, solo duerme

jueves, octubre 15, 2009

Abstracto


Buscaba mi sueño
y se me quebró el viento
se me mojó el fuego
sin querer rompí el agua
buscando mi sueño
solté a los gendarmes
incendié los témpanos
corté todas las cuerdas
soñaba mi sueño
y robé lo que era mío
amé tanto odio
que me ensordecía el silencio
buscaba yo el maldito sueño
y volé hacia el abajo
descendí hasta los cielos
me puse a plantear absurdos
yo solo quería mi sueño
y disparé hacia mis ojos
corrí sin dirección
no servían las brújulas
desnudé mi sueño
la humanidad reía
los escupía Cristo
clavado a su altar
contuve mi sueño
me hirió para escapar
se arrojó por el barranco
buscaba yo mi sueño
con una flor amarilla
con las cadenas de dios
estrangulando mis fuerzas
muerto estaba mi sueño
conforme a su voluntad
me despedí del mundo
y comencé a vivir

lunes, mayo 18, 2009

La no-ceguera


Así, condenado a no cerrar los ojos
viviré exaltado por la maldad de dios
ennegrecido por un sol que obliga a la protesta
no sentirá mi piel de carbón fuego alguno
humedad alguna de tu lengua
condenado por el dios a no dejar de mirar
condenado por el sol a no dejar de hablar
no probaré de consuelo alguno
sino hasta que la divina providencia
dejare de pagar por mi cabeza
condenado a sentir en exeso
a escribir para no matarme
seré payaso para el reino de los cielos
lameré los pies de sus doncellas blancas
bailarán sobre los charcos de mi sangre
entonces.. podré cerrar los ojos
y descansar en el dulce don de la muerte?